11 dic. 2011

XOLOITZCUINTLES, LLUVIA Y AGRICULTURA


Por: Raymundo Flores Melo*

La agricultura tuvo un papel importante en el desarrollo de los pueblos mesoamericanos. Gracias a ella sus habitantes pudieron alimentarse, hacerse sedentarios, fundar ciudades y, algunos de ellos desarrollar estados bien organizados y poderosos. El maíz, junto con otros productos, fue la base alimentaria del hombre prehispánico, sin embargo, la cantidad y calidad de cosecha estaba supeditada a la lluvia.

La lluvia llegada a tiempo y de manera suficiente, se traducía en una buena producción, en tanto que la falta de la misma tenía como consecuencia escases de alimento. Por eso, los pueblos indios hacían ofrendas al dios de la lluvia para que no les faltara que comer. Ofrendas que podían consistir en alimentos, cantos, bailes, o bien, el sacrificio de un niño o un animal.

Asociado a la fertilidad, la lluvia y la dualidad vida-muerte, el perro encierra en sí un simbolismo único para los pueblos mesoamericanos. En el caso que nos ocupa, el xoloitzcuintle se hace presente como animal propiciatorio en una región nahua, localizada en el centro de nuestro país: Tlaxcala. Señorío que comparte con sus vecinos el náhuatl como lengua materna. Lugar nunca conquistado por los mexicas, aliado a Cortés y que recibe, por lo mismo, ciertos privilegios de la Corona española.

Diego Muñoz Camargo es un cronista de origen mestizo, casado con una india principal y, luego, nombrado gobernador de Tlaxcala por el virrey. Escribe su crónica después de 1576, donde habla sobre historia antigua, mitos, religión y costumbres de los tlaxcaltecas[1].

En el capítulo XIX de su Historia de Tlaxcala – escrita con base en la tradición oral - dice lo siguiente[2] sobre el uso que se les daba a los perros pelones:

Cuando había falta de aguas y hacía grande seca y no llovía, hacían grandes procesiones, y ayunos y penitencias, y sacaban en procesión gran cantidad de perros pelones que son de su naturaleza pelados sin ningún género de pelo, de los cuales había antiguamente en su gentilidad muchos que los tenían para comer, y los comían.

Yo tengo al presente casta de ellos que son por cierto muy extraños y muy de ver, y de este género —156→ de perros como referido tenemos, sacaban en procesión y andas muy adornadas, y los llevaban a sacrificar a un templo que les tenías dedicado que lo llamaban Xoloteupan; y llegados allí los sacrificaban, y les sacaban los corazones y los ofrecían al dios de las aguas, y cuando volvían de este sacrificio, antes que llegasen al templo mayor llovía y relampagueaba de tal manera, que no podían llegar a sus casas con la mucha agua que llovía, y después de muertos los perros se los comían.

Yo me acuerdo que ha menos de treinta años había carnicería de perros en gran muchedumbre, sacrificados y sacados los corazones por el lado izquierdo a manera de sacrificio... y dimos noticia de ellos, y orden para que se quitase, y así se desarraigó este error. Ya dejamos referido cómo tenían otras carnes que comer de cazas y monterías, y de cómo antiguamente había cantidad de ellas[3].

Personaje privilegiado, funcionario y poseedor de perros pelones, no deja de mencionar el uso comestible que se les daba a los perros pelones sacrificados al dios de la lluvia y sobre las procesiones que los tenían como protagonistas, procesiones que nos hacen recordar, las que todavía hoy día, se llevan acabo portando en andas a santos, vírgenes y aún a Jesús mismo durante alguna festividad o para pedir lluvia en algunos de los pueblos originarios del centro de México.

*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

rayflome@gmail.com


[1] ESTEVE BARBA, Francisco. Historiografía Indiana. Madrid, Gredos, 1992, pp. 276-277

[2] Una primera versión del texto fue publicada en enero de 2010 en el foro Tepeuani Xoloitzcuintle (http://xoloitzcuintle.creatuforo.com).