6 ene. 2012

CONSIDERACIONES ACERCA DEL COLOR DEL XOLOITZCUINTLE CON PELO II

Por: Marco Antonio Hernández Escampa Abarca


En caso de prevalecer la idea de que el xoloitzcuintle con pelo necesariamente debe ser uniforme y oscuro, otro problema que aparecerá será el drástico corte del pool genético, ya que en diversas líneas modernas existen patrones cromáticos diversos, en especial, blancos con manchas y también “negro y fuego” y sus variantes, lo anterior sin entrar en detalles acerca de la presencia o ausencia de máscaras y otros fenómenos cromáticos. No bastaría con eliminar del programa de reproducción a los perros con pelo de estas familias ya que también se deberían eliminar a los ejemplares desnudos que porten tales cargas genéticas. Muchos criadores en México y otros países han llevado minuciosos registros genealógicos por muchas generaciones, suficientes para hablar de una raza pura en términos zootécnicos. No obstante, ningún criador, ni siquiera los pioneros pueden tener certeza acerca de los antecedentes de sus líneas. Ciertamente el problema de permitir ciertos colores abre la posibilidad a la deshonestidad ya que como es ampliamente conocido, existió y probablemente exista la práctica de la cruza con otras razas. Sin embargo, tampoco se trata de un criterio absoluto ya que así como hay razas con patrones reconocibles, también existen razas o individuos monócromas que podrían haber sido utilizadas o utilizables en tales actos perniciosos.

De acuerdo con lo anterior una propuesta sería aceptar una gama amplia de colores, que al menos deben incluir al blanco, al negro, al blanco con manchas, al amarillo-rojo, al gris, al café y también al patrón negro y fuego y sus variaciones. Esto permitiría mantener coherencia con la información histórica y con la población existente, tanto en al lugar de origen como en los programas actuales de crianza. Por otro lado, patrones excesivamente específicos, por ejemplo el manchado tipo dálmata o posiblemente el mirlo, podrían ser desechados dada su baja incidencia y en el último caso, por sus consecuencias de salud.

Probablemente sea tiempo de dejar atrás la conocida práctica de “adivinar” los ancestros de otras razas simplemente por el color y en vez de ello, un registro riguroso que implique pruebas de paternidad mediante el DNA podría ser la solución de ahora en adelante. No es posible afirmar que un hermano “es” xolo y otro “no es” simplemente a partir del color. Todos lo son. Cuáles se considerarán típicos es un concepto distinto. Insistir en que toda variabilidad cromática es producto de cruces con otras razas es una aseveración sin fundamentos y que atenta con la integridad de varios criadores en la actualidad. Finalmente, existen razas que aceptan amplísimas gamas cromáticas tales como el whippet y el chihuahueño. El xoloitzcuintle podría ser una más de ellas y de esta manera mantener su diversidad ancestral e incluso reflejar el Contacto entre América y Europa, que a final de cuentas es parte de la historia de la raza y del Continente Americano.

Referencias:

Hernández, Francisco. 1959 Historia natural de las cosas de la Nueva España. Obras completas, tomo III, Tratado Quinto. México UNAM

Hernández Escampa-Abarca, Marco. 2010 La construcción social del xoloitzcuintle moderno. En Sistemas biocognitivos tradicionales. Asociación Etnobiológica Mexicana, Global Diversity Foundation, UAEH. EL Colegio de la Frontera Sur, Sociedad Latinoamericana de Etnobiología.

Sahagún, Bernardino de. 1998. Historia General de las Cosas de Nueva España. Madrid. Alianza.

Seler, Edward 2008. Las imágenes de animales en los manuscritos mexicanos y mayas. Casa Juan Pablos. México, D.F.

Valadez, Raúl, Alicia Blanco, Bernardo Rodríguez y Christopher Götz. Perros pelones del México prehispánico. Archaeobios. Vol 3, No. 1, diciembre 2009.

CONSIDERACIONES ACERCA DEL COLOR DEL XOLOITZCUINTLE CON PELO I


Por: Marco Antonio Hernández Escampa Abarca

En el presente, uno de los temas de mayor interés es la correcta estandarización de la forma con pelo del xoloitzcuintle. Al parecer existe un consenso acerca de preferir las orejas erectas y el pelaje corto, ambas características coherentes tanto con el carácter primitivo de la raza como con su ambiente tropical de origen.

Por otro lado, el color o grupo de colores que habrán de considerarse típicos representan un tema de discusión acerca del cual hay que tomar en cuenta distintos ángulos. La osteología nos permite conocer diversos aspectos acerca de la apariencia de los perros mexicanos antiguos. Por ahora se sabe que en promedio rondaban los 40 cm a la cruz y que sus proporciones eran ligeramente más alargadas que en la actualidad. Sin embargo, en cuanto a colores, la osteología prácticamente no puede aportar ningún indicio sobre el tema. Por otro lado, la iconografía nos muestra que los perros son representados en los códices y pinturas mostrando una gama de colores que incluye el blanco, el rojo, el negro y sobre todo el perro blanco con manchas negras. De hecho, se ha llegado a afirmar que para efectos simbólicos, el perro era el animal manchado por excelencia. También resulta necesario mencionar que algunos perros son representados con combinaciones abigarradas de colores y también existen casos donde los perros son oscuros y presentan manchas rojizas sobre los ojos y en las patas, lo cual es una reminiscencia del patrón conocido como negro y fuego y otros similares. De hecho, uno de los íconos de Xólotl más conocidos justamente representa un perro oscuro con elementos anaranjados. Lo anterior se refiere principalmente a perros con pelo, aunque en menor medida probablemente a perros desnudos. Finalmente, una crónica colonial es sumamente explícita al establecer que el xoloitzcuintle sin pelo es manchado en “azul y leonado”. Independientemente de lo que se desee interpretar bajo tales términos, la realidad es que se está hablando de un animal con un color no uniforme.

De lo anterior se deduce claramente, que si existían perros con pelo blancos o blancos con manchas, la contraparte desnudad tendería a presentar zonas manchadas en blanco, o más técnicamente hablando, carentes de pigmentación. Llanamente, el xoloitzcuintle desnudo “mariposa” y similares debió existir desde un pasado muy remoto. No obstante, es justo conceder que el manchado debe ser controlado en las partes superiores, más expuestas al sol, para evitar quemaduras solares. Probablemente las manchas deban reducirse a vientre, pechos y patas. Todo lo anterior sin demeritar el hecho de que los ejemplares sin pelo de color oscuro y uniforme representan una alternativa paralela, ampliamente conocida.

En el presente existe una tendencia a “uniformizar” la raza, argumentando que ambas variedades deberían lucir similares. Sin duda el color representa un elemento visual importante, pero en todo caso a la vez es secundario. La uniformidad debería centrarse mucho más en la morfología que en el color. Por lo tanto, la preferencia por colores uniformes y oscuros argumentando que así se parecerán más ambas formas es cuestionable. De hecho, el concepto mismo de dualidad implica opuestos y sin llegar a afirmar que por lo tanto el blanco debería ser el color del xolo con pelo, ciertamente los colores claros y los no uniformes deberían permanecer en la raza, si es que se pretende conservar aspectos que fueron simbólicos para culturas ancestrales.

Otro problema acerca del color en el xoloitzcuintle con pelo es que algunos colores son resultados de cruces accidentales o intencionales. Sin duda, el perro con pelo al expresar su fenotipo pleno nos puede indicar mucho acerca de la coloración de sus ancestros, incluso muchas generaciones atrás. Sin embargo, resulta absurdo aceptar un hermano desnudo por ser “negro” mientras que se rechaza al hermano de camada por presentar un pelaje con color “propio” de otra raza, cuando ambos probablemente comparten exactamente la misma información genética en cuanto al color, o al menos potencialmente muy similar. Simplemente no hay criterio absoluto para establecer qué colores existían en tiempos antiguos y cuáles no, únicamente tenemos ciertas guías o referencias.

Otra manera de intentar aportar elementos argumentativos acerca del color típico en el xoloitzcuintle es la observación de la población canina de la Cuenca del Río Balsas. Si bien esta población cada vez incrementa su porcentaje de intrusión genética, al mismo tiempo es el único referente “vivo” al respecto. Las observaciones realizadas de manera cualitativa arrojan la presencia de perros de color amarillo-rojizo como población mayoritaria, pero también hay ejemplos de perros negros, grises y cafés y desde luego blancos con manchas, blancos e incluso varios presentan el patrón “negro y fuego” y similares. Todo esto es coherente con las representaciones cromáticas en los códices.