1 abr. 2015

PERRA VIDA.

Por: José Emilio Pacheco


Despreciamos al perro por dejarse
domesticar y ser obediente.
Llenamos de rencor el sustantivo perro
para insultarnos. Y una muerte indigna
es morir como un perro.

Sin embargo los perros miran y oyen
lo que no vemos ni escuchamos.
A falta de lenguaje
(o eso creemos)
poseen un don que ciertamente nos falta.
Y sin duda piensan y saben.

En consecuencia,
resulta muy probable que nos desprecien
por nuestra necesidad de buscar amos
y por nuestro voto de obediencia al más fuerte.


PACHECO, José Emilio. Nuevo álbum de zoología. MÉXICO, Era, 2013, p. 117