14 jun. 2013

SOBRE ETNOZOOLOGÍA URBANA: LOS COLORES DEL XOLOITZCUINTLE.


INTRODUCCIÓN

 Por: Marco Antonio Hernández Abarca-Escampa
 
El periodo post-revolucionario en México se caracterizó en lo político por un discurso nacionalista que pretendió unificar una nación multicultural, a la vez que legitimó a las nuevas estructuras de poder. Durante este  proceso, los hechos y personajes históricos frecuentemente fueron re-significados en el imaginario colectivo, alejándose de la fidelidad histórica. Tales fenómenos propiciaron el surgimiento de una gran diversidad de íconos culturales que enfatizaron el naciente ideal de lo nacional mexicano, creándose así una cosmovisión e incluso una mitología contemporáneas. 

     Nuevas ideologías europeas se arraigaron en México, especialmente el marxismo y su inherente postura anti-imperialista. De esta manera, tanto el indigenismo como el socialismo marcaron el contexto político y cultural de México durante el siglo XX. Fue desde esta perspectiva que surgió tan vasta constelación de signos, íconos y símbolos nuevos o reelaborados. Uno de los más singulares símbolos nacionalistas del siglo XX fue construido a partir de una realidad biológica y de la información etnohistórica contenida en documentos coloniales. Esta es la figura del perro pelón mexicano conocido como xoloitzcuintle, de origen mesoamericano.

      El estudio del xoloitzcuintle en términos de su construcción social como un ícono nacionalista, implica la aproximación al tema desde una perspectiva etnobiológica.  La etnobiología es una rama de la antropología cognitiva que en conjunción con la biología, tiene como finalidad la comprensión de las relaciones entre las sociedades y la biota[1] o segmentos discretos de la misma. Una vasta proporción de estudios etnobiológicos han centrado su atención en sociedades “tradicionales” o “no occidentales” tratando de comprender los conocimientos  biológicos, la cosmovisión y  el manejo de los recursos naturales por parte de dichas culturas. 

     Sin embargo, la relación entre sociedades urbanas complejas como la sociedad mexicana a partir del siglo XX y segmentos específicos de la biota pueden ser abordados con las mismas finalidades. Tal enfoque resulta novedoso al contrastarlo con la perspectiva teórica de la etnobiología latinoamericana y su postura política, mismas que ofrecen un panorama donde las prácticas y los discursos sobre los recursos naturales se encuentran escindidos entre la sociedad urbana y las sociedades indígenas o campesinas, éstas últimas sujetas a la primera en una relación asimétrica de poder. Como consecuencia, el objeto de estudio suele ser la sociedad tradicional y rara vez la urbana. 

     Los saberes o discursos asignados a cada uno de estos actores sociales por los investigadores latinoamericanos frecuentemente resultan calificados como “científicos” para el caso de la sociedad urbana y “tradicionales” o “ancestrales”  para el resto de las culturas. Por lo tanto surge la propuesta de concebir una etnobiología en México que sin pretender crear nuevas subdivisiones disciplinarias podría calificarse como urbana atendiendo al medio en que se desarrolla. Lo anterior implica una adaptación conceptual y metodológica al nuevo medio social y sobre todo, los hallazgos podrían aportar a cerrar el círculo de diálogos o comprensión mutua entre las sociedades involucradas. 

     La figura del xoloitzcuintle, o simplemente “xolo” se ha incorporado en el imaginario colectivo de amplios sectores de la población urbana mexicana, además de existir o haber existido en otro tipo de sociedades. Tal imagen también puebla espacios en obras de arte de diversos autores e incluso halló su lugar en los libros de educación oficial. Múltiples científicos han abordado el tema para explicar su origen y su importancia histórica, generalmente ligándolo a versiones nacionalistas. Además, existe una actividad formal de crianza que al interior de dicho medio proyecta internacionalmente al xoloitzcuintle como representante de “lo mexicano”. Asociado a lo anterior, existe un conjunto de actividades de importancia económica en torno a este animal.  El xoloitzcuintle ahora se ubica incluso en el ciberespacio. Por todas estas razones, las representaciones sociales en torno al xoloitzcuintle resultan un tema relevante para la antropología. Justamente tal variabilidad en torno al concepto de xoloitzcuintle inspira la parte metafórica del título de esta investigación, ya que diacrónica y sincrónicamente cada cultura con su mirada le otorga un color o un matiz propio.

     La relación entre la sociedad y los segmentos discretos de la biota puede proponerse como una apropiación o proyección cultural. De esta manera, los usos y significados atribuidos a plantas y animales dependen directamente del sistema cultural que los incorpora al código significante y no únicamente de sus propiedades biológicas. Siendo que el propósito de este trabajo fue analizar la construcción del concepto moderno de xoloitzcuintle por parte de la sociedad urbana mexicana a partir del siglo XX, el papel de este animal en el pasado remoto y en los medios rurales actuales constituyen referentes comparativos por abordar y explorar, mas no son los campos de estudio centrales[2]

     Es así que el estudio de la figura del xoloitzcuintle se transforma en un caso concreto para abordar etnobiológicamente el contexto urbano.  Se plantea como hipótesis que a pesar de la existencia de evidencia científica contundente, las ideas nacionalistas del momento en México se alejaron del argumento de la ciencia y como consecuencia es impreciso adjudicar un sentido estrictamente científico al pensamiento y prácticas urbanas relacionadas con el xoloitzcuintle. Tal disociación favoreció un comportamiento muchas veces irracional, aunque culturalmente coherente dentro del sistema, en torno a este cánido. Un ejemplo de comportamiento social alejado de la objetividad es el innecesario biocidio de grandes cantidades de cachorros iniciado a partir de esa época y que aún prevalece en ciertos contextos. 

     La visión nacionalista radical que se tuvo durante el siglo XX sobre el xoloitzcuintle se ha ido disolviendo en la misma medida en que la globalización afecta a las sociedades contemporáneas. Muchas de las prácticas e ideas anteriores resultan inaceptables en el presente, en cambio otras podrían mantenerse. Es así que las percepciones y acciones en torno al xoloitzcuintle se encuentran en un momento de drástico cambio como respuesta cultural y son enriquecidas tanto por el argumento científico reciente como por las ideas postmodernas.

      Los principales trabajos realizados desde las ciencias sociales acerca del xoloitzcuintle, hasta el momento, se han enfocado mayoritariamente en crear relatos históricos entendidos como secuencias cronológicas de eventos o bien en aspectos arqueozoológicos[3]. Aún cuando la secuencia histórica puede ser el primer objetivo, la meta última de la antropología consiste en proponer explicaciones a los fenómenos sociales. De todas maneras, tales obras poseen la virtud de haber recopilado multitud de datos históricos y presentarlos de manera sistematizada, sin embargo, son limitadas en cuanto a la interpretación sociocultural y el análisis causal contemporáneos.  Las narrativas de  estas obras se mantienen dentro del discurso nacionalista original, lo cual en ocasiones empaña la claridad conceptual del argumento o bien reproduce mitos o conceptos no del todo objetivos. Aún así, se constituyen como referencias historiográficas constantes al abordar el tema de estudio. 

     Sin caer en la rigidez positivista, el argumento biológico sobre el xoloitzcuintle se utiliza como referente comparativo ante las representaciones colectivas urbanas. Por lo tanto, resulta necesario exponer ampliamente el argumento biológico, que desde la perspectiva de la antropología cognitiva no es sino otra forma de interpretación social de la biota en un momento y lugar dados. Es así que aunque no es frecuente pensar de esta manera, la propia exposición científica del tema representa una recopilación conceptual, prácticamente antropológica, acerca del pensamiento de un sector poblacional, es decir los propios científicos. Para complementar el estudio, además del análisis historiográfico, se realizaron diversas observaciones de campo durante las cuales se recopilaron breves notas etnográficas, otorgando especial énfasis a lo visual.

     En el primer capítulo se ofrece un marco de referencia conceptual que incluye un bosquejo histórico de la disciplina de la etnobiología como parte de la antropología cognitiva. En vez de comenzar el relato acerca del xoloitzcuintle a partir de eventos históricos, se realiza una deconstrucción a fondo del concepto “perro pelón mexicano”. Para lograr este objetivo, primero se establecen los conceptos actuales acerca de la genética  de los perros pelones o desnudos. A partir del argumento genético, se enfatiza  la existencia de cachorros nacidos con pelaje completo al interior de la población de xoloitzcuintles, los cuales en realidad representan la forma original y mayoritaria de esta población canina. A continuación, se mencionan aspectos históricos y zootécnicos acerca del concepto mismo de raza y sobre el surgimiento de la canofilia, todos estos temas, competentes a la etnobiología. Se cuestiona la pertinencia de definir al xoloitzcuintle como raza a partir de un rasgo simple de desnudez, siendo la respuesta negativa. Posteriormente se explora la distribución antigua de estos animales, resaltando su presencia en vastas zonas del Continente Americano.

     Una vez argumentado que la población canina que sirve de base para crear el concepto de xoloitzcuintle no corresponde a la definición tradicionalmente establecida, en el segundo capítulo se examina la fundación formal de la raza xoloitzcuintle durante el siglo XX. Se muestra que dos impulsos simultáneos coexisten y convergen en el proceso. Por un lado la influencia y acción de extranjeros post-románticos y exotistas y por el otro, el furor nacionalista postrevolucionario. También se analiza el discurso, emergiendo la idea de que al patrón del mismo corresponde a la fórmula de héroe cultural, motivo por el cual el xoloitzcuintle adquiere importancia iconográfica y adquiere su conocida popularidad, así sea negando la realidad biológica.  Al final se compara la cosmovisión antigua sobre el xoloitzcuintle con la postura científica, la cual sin proponérselo fortalece la dualidad esencial del xoloitzcuintle planteada por la primera, pero no tomada en cuenta por la perspectiva urbana del siglo XX.

     Desde la óptica urbana, los primeros xoloitzcuintles modernos se extrajeron de la Cuenca del Río Balsas con la finalidad de establecer programas de crianza. Los viajeros modernos han relatado sus experiencias en la zona, muchas veces mitificándola como una zona prístina pero inaccesible. En el  tercer capítulo se exponen datos acerca de las características naturales y sociales de esta región geográfica. Por tratarse del ecosistema original del xoloitzcuintle moderno, se realizaron exploraciones en el área, tratando de evaluar la condición actual del xoloitzcuintle y abarcando áreas de la cuenca no  visitadas por otros estudiosos del tema. Se exponen los datos obtenidos en forma de testimonios e imágenes. Adicionalmente se realizaron observaciones cualitativas acerca de la morfología de los perros de la zona bajo el supuesto que las presiones selectivas del medio determinan un fenotipo determinado.

     Debido a que parte del interés original por el xoloitzcuintle surge desde la canofilia, en el cuarto capítulo se comentan brevemente los conceptos básicos de la misma y el papel del xoloitzcuintle en esta actividad. De hecho, el discurso y prácticas canófilas constituyen un elemento central que impacta al imaginario urbano. Como se menciona desde el principio, los perros pelones ocuparon extensas regiones de América. Es así que, en el Perú se ha fundado una segunda raza canina moderna siguiendo un patrón argumentativo paralelo al del xoloitzcuintle. Datos obtenidos acerca de este fenómeno, recopilados durante un viaje a aquel país complementan la revisión documental realizada. También se incluyen algunas observaciones acerca de la la vida de los xoloitzcuintles en diversos países del mundo, recabadas durante distintas visitas, donde se halló que las motivaciones para  poseer un perro pelón divergen del nacionalismo mexicano y en cambio se basan en la búsqueda de lo exótico e incluso en motivos médicos. De la misma manera, se abordan aspectos relativos a la definición e integración del xoloitzcuintle con pelo a la definición de la raza.  Al final del capítulo se comentan algunas de las situaciones más recientes acerca de la raza xoloitzcuintle en México así como una evaluación de sus categorías de uso.

     Por último, se expone un capítulo de conclusiones en el cual se evalúa el alcance de las hipótesis planteadas y además se concretan premisas desarrolladas a lo largo del texto. La aproximación etnobiológica a los contextos urbanos se constituye como un complemento a la actividad sobre las sociedades tradicionales al completar el abanico de interpretaciones sobre un tema dado. En el caso concreto del xoloitzcuintle, se pudo mostrar la manera en que el imaginario se crea a partir de argumentos diversos y no necesariamente sobre una fundamentación científica. La aceptación del xoloitzcuintle dentro del discurso nacionalista se basa en la admiración causada por su historia bajo el patrón de héroe cultural.  El análisis conjunto de la evidencia reunida también sustenta nuevas propuestas acerca de la conceptualización en torno al xoloitzcuintle y su manejo zootécnico. A pesar de las incoherencias históricas, un replanteamiento conceptual permite la posibilidad de seguir concibiendo al xoloitzcuintle como una raza, ya no pelona, sino dual. El xoloitzcuintle solo puede concebirse de manera integral atendiendo dicha dualidad presente en la población de un perro tropical de tipo primitivo cuyo origen moderno fue la selva baja caducifolia del estado de Guerrero. La integración de la dualidad al discurso permite preservar íntegramente el legado biocultural heredado de las culturas mesoamericanas. 



[1] De acuerdo a la Real Academia Española, se entiende por biota el conjunto de la fauna y la flora de una región. Suele concebirse como un repertorio o listado de entidades taxonómicas.
[2] Para conocer a fondo datos sobre el xoloitzcuintle antiguo consúltese Valadez y Mestre (1999). En este trabajo se rescatan aquellos datos pertinentes al argumento, mas no es finalidad repetirlos todos.
[3] Si bien el tema se abordó previamente, la obra de Wright (1960) constituye una síntesis del pensamiento de su época sobre el xoloitzcuintle. Posteriormente comienza a aparecer la serie de artículos y libros de Valadez y coautores, principalmente a partir de los 1990´s y de corte arqueozoológico. Gran parte del resto de las fuentes se limitan a replantear datos a partir de estas obras.