1 feb. 2014

IN ITZCUINTLI / EL PERRO.



Por: Raymundo Flores Melo.

Miguel León-Portilla, discípulo del padre Ángel María Garibay, publicó en el año 2006 un libro llamado Poesía Náhuatl. La de ellos y la mía, donde se copilan poemas extraídos de documentos del siglo XVI como los Cantares Mexicanos, los Romances de los señores de la Nueva España y el Códice Matritense.

Cerrando el mencionado texto se encuentra una colección de dieciocho poemas, escritos originalmente en náhuatl, de la autoría del mismo León-Portilla, en los que se deja ver la influencia que ha ejercido la cultura náhuatl en el investigador. 

Entre este legado cultural no podía faltar la figura del perro y su relación con la muerte, relación todavía muy presente en varios de los pueblos originarios de la Ciudad de México como son San Pedro Tláhuac (en particular el poblado de Mixquic), San Bernardino Xochimilco y la Asunción Milpa Alta.

El investigador se pregunta si su perro estará con él cuando haya muerto, como lo está ahora en la vida terrena, es decir, si será su acompañante rumbo al Mictlán de los antiguos mexicanos.

Si bien en la época actual el perro tiene diferentes usos a los del pasado, no deja de sorprender que sigamos todavía el viejo consejo de los abuelos: tratar bien a los perritos. Es que en esas cosas de la muerte, nadie sabe y es mejor preparar camino. No vaya a ser la de malas.

Comparto con ustedes la transcripción del referido poema[1]:



In itzcuintli / El perro

In ihcuac zan ye nocel,
nican, notech ca notzcuin.

Cuando estoy solo,
junto a mí, aquí está mi perro.

Ompa, in can ye mihtoa,
Quenonamican,
¿azo notech,
ompa ye notzcuin?

Allá, donde dicen
que de algún modo se existe,
¿acaso junto a mí.
estará allá mi perro?[2]



[1] La primera versión del presente texto fue publicado el 29 de abril de 2010 en el foro Tepeuani Xoloitzcuintle.
[2] LEÓN-PORTILLA, Miguel. Poesía Náhuatl. La de ellos y la mía. México, Diana, 2006, pp. 132 y 133.