28 dic 2011

LACONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL XOLOITZCUINTLE MODERNO. PARTE I


Por: Marco Antonio Hernández.
Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos. Doctorado en Antropología.

Introducción.

El periodo postrevolucionario en México se caracterizó por un discurso político oficial que enfatizó el nacionalismo y que pretendía unificar un país multicultural a la vez que legitimó a las nacientes estructuras de poder. Durante el proceso, los hechos y personajes históricos frecuentemente fueron re-significados en el imaginario colectivo, alejándose de la fidelidad histórica (Monfort, 2003). Nuevas ideologías europeas se arraigaron en México, especialmente el marxismo y su inherente postura anti-imperialista. De esta manera, tanto el indigenismo como el socialismo marcaron el contexto político y cultural de México durante el siglo XX (Helland, 1991). Dentro de tan vasta constelación de signos, íconos y símbolos nuevos o re-elaborados, uno de ellos fue construido a partir de una realidad biológica e información etnohistórica. Esta es la figura del perro sin pelo mexicano conocido como xoloitzcuintle.
El estudio del xoloitzcuintle en términos de un ícono nacionalista implica la aproximación al tema desde una perspectiva etnobiológica. Tanto los datos antropológicos como los biológicos deben complementarse para entender la relación que existe entre este perro y la sociedad mexicana moderna. Una vasta proporción de estudios etnobiológicos han centrado su atención en sociedades “tradicionales” o “no occidentales”. Sin embargo, la relación entre sociedades urbanas complejas y segmentos específicos de la biota pueden ser abordados con igual atención.
La relación entre la sociedad y los segmentos discretos de la biota puede proponerse como una apropiación o proyección cultural. De esta manera, los usos y significados atribuidos a plantas y animales dependen directamente del sistema cultural que los incorpora al código significante. El propósito de este trabajo es presentar datos generales sobe el xoloitzcuintle y sobre todo, evaluar la manera en que a pesar de la existencia de evidencia científica contundente, las ideas nacionalistas del siglo XX en México favorecieron un comportamiento irracional, pero culturalmente coherente en torno a este cánido. En la misma medida en que la globalización afecta a las sociedades modernas, estas prácticas e ideas cambian drásticamente como respuesta cultural y son sustituidas por ideales de equidad e inclusión. Es necesario mencionar que los principales trabajos realizados acerca del xoloitzcuintle hasta el momento (Valadez y Mestre, 1999. Valadez y Mestre, 2007) se han enfocado en crear crónicas históricas entendidas como secuencias cronológicas de eventos. Tales trabajos resultan importantes como precursores sobre el tema. No obstante, son limitados en cuanto al análisis causal o a la interpretación sociocultural. La verdadera meta de la historia y la antropología no es la secuencia, sino proponer explicaciones a los fenómenos sociales. Se espera que este trabajo proporcione elementos para iniciar esta nueva fase de comprensión sobre este tema etnobiológico.

24 dic 2011

EL PERRO Y LOS RITOS MAYAS DE INICIO DE AÑO


Por: Raymundo Flores Melo*

En el Códice Madrid o Tro-Cortesiano, que se encuentra en el Museo de América de Madrid, España, aparece en la página 37 - teniendo como fondo el color azul turquesa -, un perro aullando y tocando un tambor. En contraparte, al lado izquierdo, está presente un hombre que realiza la misma actividad. En la parte inferior de dicha hoja se ve un pavo.

Es posible que la escena sea parte de un ritual relacionado con la fertilidad, donde el can y el ave jugaron un papel importante, además de que en ella aparece un personaje con bastón plantador o coa dejando caer semillas. Hasta el momento se cree que este códice perteneció a la zona maya de la península yucateca.

La escena ilustrada en el documento anterior hace recordar uno de los ritos descritos por fray Diego de Landa en su Relación de las Cosas de Yucatán (siglo XVI) cuando habla sobre las fiestas que se hacían para dar inicio al año. Celebración en la que se bailaban figuras de perros y se sacrificaba uno vivo con lomo negro.

Diego de Landa, religioso franciscano, obispo de Mérida, celebre por el auto de fe de Maní y por quemar una buena cantidad de códices mayas, en la crónica antes mencionada describe algunos aspectos de Yucatán, su descubrimiento y conquista, su historia y costumbres, la sociedad, el calendario y la escritura de los antiguos mayas[1] .

A continuación se transcribe parte de la festividad donde los perros están presentes:

Los indios mayas…

“Tenían otras muchas miserias y malas señales aunque era bueno el año si no hacían los servicios que el demonio les mandaba, lo cual era hacer una fiesta y en ella bailar un baile en muy altos zancos y ofrecerle cabezas de pavos y un pan y bebidas de maíz; habían de ofrecerle (también) perros hechos de barro con pan las espaldas, y las viejas habían de bailar con ellos en las manos y sacrificarle un perrito que tuviese las espaldas negras y fuese virgen; y los devotos habían de derramar sus sangre y untar con ella la piedra del demonio Chacacantun. Tenían este sacrificio y servicio por agradable a su dios Yaxcocahmut”[2].

En relación a los sacrificios es de anotarse que Landa, dice que en algunos ritos de año nuevo o inicio de año, se sacrificaba a un perro o a un hombre[3]. Así mismo en el mes de Muan (correspondiente a parte de abril) hacían una fiesta en honor a los dioses Ekchuah, Chac y Hobnil, “donde sacrificaban un perro manchado por el color del cacao y quemaban a sus ídolos su incienso…”[4]

Un poco más delante de su obra, menciona que los perros de estas tierras “no saben ladrar ni hacer mal a los hombres, y a la caza sí, que encaraman las codornices y otras aves y siguen mucho (a) los venados y algunos son grandes rastreadores. Son pequeños y comíanlos los indios por fiesta, y yo creo se afrentan y tienen (hoy) por poquedad comerlos. Dicen que tenían muy buen sabor”[5].

Es posible que la creencia que algunas personas tienen de que los perros xoloitzcuintles no ladran provenga, en parte, de esta noticia dada por el franciscano, pues muchas veces, cuando en una crónica se leía la palabra perro, de manera inmediata se daba por sentado que se trataba de un perro pelón, sin tomar en cuenta – por desconocimiento - a los otros canes existentes en Mesoamérica.

El perro en Yucatán, antes y poco después de la conquista española, como lo ilustra el códice Madrid y lo dice la crónica de Landa, fue protagonista en varias ceremonias donde era usado como alimento o víctima sacrificial en honor a los dioses. El can era partícipe, junto con el pavo, el pan y la bebida de maíz, de bailes y ofrendas que los antiguos mayas ofrecían a sus dioses - en especial al dios creador -, por un año bueno y próspero.

rayflome@gmail.com



[1] ESTEVE BARBA, Francisco. Historiografía Indiana. Madrid, Gredos, 1992, p. 319

[2] LANDA, Diego de. Relación de las Cosas de Yucatán. México, Porrúa, 1982, p. 66. Yaxcocahmut, es uno de los nombres del dios creador maya.

[3] Ibíd. p. 65. La mención de sacrificio únicamente de perros se hace en las páginas 83-84 de dicho texto.

[4] Ibíd. p. 81

[5] Ibíd. p. 135

11 dic 2011

XOLOITZCUINTLES, LLUVIA Y AGRICULTURA


Por: Raymundo Flores Melo*

La agricultura tuvo un papel importante en el desarrollo de los pueblos mesoamericanos. Gracias a ella sus habitantes pudieron alimentarse, hacerse sedentarios, fundar ciudades y, algunos de ellos desarrollar estados bien organizados y poderosos. El maíz, junto con otros productos, fue la base alimentaria del hombre prehispánico, sin embargo, la cantidad y calidad de cosecha estaba supeditada a la lluvia.

La lluvia llegada a tiempo y de manera suficiente, se traducía en una buena producción, en tanto que la falta de la misma tenía como consecuencia escases de alimento. Por eso, los pueblos indios hacían ofrendas al dios de la lluvia para que no les faltara que comer. Ofrendas que podían consistir en alimentos, cantos, bailes, o bien, el sacrificio de un niño o un animal.

Asociado a la fertilidad, la lluvia y la dualidad vida-muerte, el perro encierra en sí un simbolismo único para los pueblos mesoamericanos. En el caso que nos ocupa, el xoloitzcuintle se hace presente como animal propiciatorio en una región nahua, localizada en el centro de nuestro país: Tlaxcala. Señorío que comparte con sus vecinos el náhuatl como lengua materna. Lugar nunca conquistado por los mexicas, aliado a Cortés y que recibe, por lo mismo, ciertos privilegios de la Corona española.

Diego Muñoz Camargo es un cronista de origen mestizo, casado con una india principal y, luego, nombrado gobernador de Tlaxcala por el virrey. Escribe su crónica después de 1576, donde habla sobre historia antigua, mitos, religión y costumbres de los tlaxcaltecas[1].

En el capítulo XIX de su Historia de Tlaxcala – escrita con base en la tradición oral - dice lo siguiente[2] sobre el uso que se les daba a los perros pelones:

“Cuando había falta de aguas y hacía grande seca y no llovía, hacían grandes procesiones, y ayunos y penitencias, y sacaban en procesión gran cantidad de perros pelones que son de su naturaleza pelados sin ningún género de pelo, de los cuales había antiguamente en su gentilidad muchos que los tenían para comer, y los comían.

Yo tengo al presente casta de ellos que son por cierto muy extraños y muy de ver, y de este género —156→ de perros como referido tenemos, sacaban en procesión y andas muy adornadas, y los llevaban a sacrificar a un templo que les tenías dedicado que lo llamaban Xoloteupan; y llegados allí los sacrificaban, y les sacaban los corazones y los ofrecían al dios de las aguas, y cuando volvían de este sacrificio, antes que llegasen al templo mayor llovía y relampagueaba de tal manera, que no podían llegar a sus casas con la mucha agua que llovía, y después de muertos los perros se los comían.

Yo me acuerdo que ha menos de treinta años había carnicería de perros en gran muchedumbre, sacrificados y sacados los corazones por el lado izquierdo a manera de sacrificio... y dimos noticia de ellos, y orden para que se quitase, y así se desarraigó este error. Ya dejamos referido cómo tenían otras carnes que comer de cazas y monterías, y de cómo antiguamente había cantidad de ellas”[3].

Personaje privilegiado, funcionario y poseedor de perros pelones, no deja de mencionar el uso comestible que se les daba a los perros pelones sacrificados al dios de la lluvia y sobre las procesiones que los tenían como protagonistas, procesiones que nos hacen recordar, las que todavía hoy día, se llevan acabo portando en andas a santos, vírgenes y aún a Jesús mismo durante alguna festividad o para pedir lluvia en algunos de los pueblos originarios del centro de México.

*Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

rayflome@gmail.com


[1] ESTEVE BARBA, Francisco. Historiografía Indiana. Madrid, Gredos, 1992, pp. 276-277

[2] Una primera versión del texto fue publicada en enero de 2010 en el foro Tepeuani Xoloitzcuintle (http://xoloitzcuintle.creatuforo.com).