1 abr. 2015

PERRA VIDA.

Por: José Emilio Pacheco


Despreciamos al perro por dejarse
domesticar y ser obediente.
Llenamos de rencor el sustantivo perro
para insultarnos. Y una muerte indigna
es morir como un perro.

Sin embargo los perros miran y oyen
lo que no vemos ni escuchamos.
A falta de lenguaje
(o eso creemos)
poseen un don que ciertamente nos falta.
Y sin duda piensan y saben.

En consecuencia,
resulta muy probable que nos desprecien
por nuestra necesidad de buscar amos
y por nuestro voto de obediencia al más fuerte.


PACHECO, José Emilio. Nuevo álbum de zoología. MÉXICO, Era, 2013, p. 117

22 mar. 2015

XOLERÍAS.

Les presento una postal y tres separadores dedicados al xoloitzcuinte diseñados por la espléndida dibujante Flor Guga. 

Los dos primeros primeros trabajos están orientados al fomento de lectura (Xolo leo y me divierto), en tanto, que los dos siguientes tratan de ser un homenaje a los pintores Frida Kahlo (Xolo de mi corazón)  y Diego Rivera (Soy Xolero militante), impulsores de la raza xoloitzcuintle en nuestro país.

Espero que sean de su agrado.


Raymundo Flores Melo.
Postal: Xolo leo y me divierto

 Seprarador: Xolo leo y me divierto.

Separador: Xolo de mi corazón.

Separador: Soy xolero militante.

2 feb. 2015

LOS PERROS AZTECAS DEL MATRIMONIO RIVERA-KAHLO.

Por: Raymundo Flores Melo.

Fotografías personales y pinturas subrayan el valor que los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo dieron a los perros mexicanos llamados xoloitzcuintles. A lo largo de su vida poseyeron varios ejemplares, hecho que sirvió para que este perro tuviera realce en el ámbito cultural mexicano, para después trascender y volverse un icono de lo nacional.

Buscando información que tratara del xolo en este periodo, encontramos un libro, escrito por la sobrina de la pareja, que aporta algunos datos sobre el tema.

Isolda Pinedo Kahlo en su libro Frida Íntima[1] proporciona una mirada diferente sobre la pintora. En él, deja ver a una mujer tierna, cariñosa, a la que le gustaba ayudar a los demás; a una buena mujer en el trato con la gente de su entorno pero, sobre todo, un ser sincero gozando de la vida.

Gracias al texto conocemos algunos detalles de la identidad y vida cotidiana de las personas que flanquean a la pintora en una de sus tantas fotografías. Imagen que llama la atención pues posa junto a gente con rasgos indígenas y mestizos. En dicha foto ella está sentada al centro con un xolo sobre sus piernas, a la derecha dos hombres, Chucho y Sixto, uno sentado y otro de pie; a la izquierda dos mujeres, Cruz y Georgina[2], en posición similar a los anteriores; todos ellos trabajadores de la Casa Azul.

Chucho fue un mozo que llegó cuando las hermanas Kahlo-Calderón eran jóvenes quedándose a su servicio hasta la muerte de Frida[3], en tanto que Cruz era la cocinera de la casa[4].

Para resaltar la calidez de la artista, la autora nos habla de los animales y su relación con Frida Kahlo:

"Otro detalle que... habla de su bondad y amor a la vida, son los animales que mantuvo en sus casas de Coyoacán y San Ángel. Por ahí pasó de todo: monos araña, un cervatillo, un águila, un mapache, dos loros y hasta perros aztecas". Preguntándose más adelante "si no serían esos animalitos, tan compañeros en sus cuadros, los que le ayudaron a mantener la suavidad en sus brazos de madre, tantas veces malograda"[5].

Entre los animales “tan compañeros en sus cuadros” menciona a dos de los perros "aztecas", a los xoloitzcuintles consentidos de Diego: el Señor Xólotl y la señora Xolotzin.[6] Precisamente de esta última es una de las fotografías que se muestran en dicho libro. En ella  aparecen los dos sobrinos de Frida Kahlo: Antonio e Isolda (hijos de Cristina) acompañados por la perra antes mencionada en uno de los corredores de la casa de Coyoacán.

En tanto, al Señor Xólotl se le puede observar, desde cachorro hasta adulto, en varias imágenes  acompañado por Frida Kahlo como por Diego Rivera, así como en una pintura y un dibujo de su diario. Existe también, en este último documento, varios bocetos dedicados a la “Señorita Capulina”.

Fauna con la que, al enfermar la artista y no pudiendo asistir a dar clases a la Esmeralda, convivieron sus alumnos[7] en los jardines de la Casa Azul, lugar donde se respiraba un agradable ambiente: "Todos los habitantes de aquella casa vivían inmersos en sincera cordialidad. Convivían en perfecta armonía los hijos de los sirvientes, pintores, un carpintero, químicos, artistas y hasta los miembros del Partido Comunista"[8]. Sin embargo, el desenlace estaba cerca.

Ya en 1954, su último año de vida, dice una nota del diario de la pintora, que había pasado "una tarde maravillosa" en compañía de Diego Rivera, Teresa Proenza[9], "La señorita Capulina, el señor Xólotl, la señora Kosti"[10] que eran sus perros. Comentario que trae a la memoria la proximidad de Frida Kahlo con los xolos y aquella foto, obra de Werner Bischof, en la que ella esta acostada en una cama, acompañada por un xoloitzcuintle que ocupa el espacio de la pierna amputada.

Los animales, en especial los canes por su cercanía con el ser humano,  tuvieron un lugar importante en la vida y obra de Frida Kahlo; fueron compañía en el acontecer de su existencia.

Febrero 2015


[1] PINEDO KAHLO, Isolda. Frida Íntima. Colombia, 2004, Dipon/ Gato Azul, 256 p.
[2] Ibíd., p. 33, en el pie de la foto de dicha página.
[3] Ibíd., p. 106 y 167
[4] Ibíd., p. 33
[5] Ibíd., p.39
[6] Ibíd., p. 117
[7] Eran llamados “Los fridos”.
[8] Ibíd. p. 156
[9] Teresa Proenza cuido a Frida Kahlo cuando ya estaba muy mal. Ibíd. p. 170
[10] Ibíd. p. 252, nota tomada del diario de la pintora.