12/4/2014

TENGO CORAZÓN XOLERO.



Por: Raymundo Flores Melo.

La palabra xolo es apócope de xoloitzcuintle y sirve para referirse de manera cariñosa a estos  perros. Como el mexicanos es dado al uso de diminutivos, se emplean de manera cotidiana las expresiones xolito o xolita para hablar de los cachorros de una camada o del perro consentido de la familia.

La compenetración de las personas con esta raza a llegado al grado de que, los criadores, poseedores y admiradores del xoloitzcuintle, se han denominado xoleros. A los xoleros los une el gusto por este tipo de perros, cuyo origen se remonta al pasado prehispánico de nuestro país. Hoy día pueden encontrarse xoleros en diversas partes del mundo como La Federación Rusa, Italia, Francia y los Estados Unidos de América, por mencionar algunos ejemplos.

De las palabras que hacen alusión al xolo, han surgido, debido al ingenio de varios mexicanos una serie de frases donde el xoloitzcuintle juega un importante papel.

Se han modificado refranes populares, frases célebres, letras de canciones para dar lugar a una serie de expresiones que se aúnan a sentencias que hablan sobre la convivencia con estos ejemplares o reflejan el cariño que se les tiene. También están aquellas que tratan de reivindicar la dualidad y el valor de los xolos con pelo.

Todo ello ha dado como resultado, en el grupo XOLODual de Facebook, varias frases pequeñas en torno al xoloitzcuintle, mismas que irán aumentando a lo largo del tiempo gracias a la colaboración de la comunidad xolera. A continuación unos ejemplos:

Xolo sé que no sé nada.

I love xoloitzcuintle (Yo te quiero xoloitzcuintle).

Más vale xolo que mal acompañado.

El respeto al xolo ajeno es la paz.

Xolito y sin compromiso.

Xoleros de mundo uníos.

Xolitos tu y yo, piénsalo.

Xolito pero contento.

Xolito, Xolito, Xolito mío. Pedazo de cielo que Dios me dio.

Todos los colores son xolo.

Xolito con pelo, xolo pelón, yo los quiero con todo el corazón.

Tanto vale, vale tanto, xolo peludo como desnudo.

Pelón o peludo. ¡Xoloitzcuintle soy!

Perro pelón, xolo peludo, eres del Balsas, te lo aseguro.

Amor puro sin igual, sólo con la raza dual.

Xolitos venimos. Xolos nos vamos.

¡Xolo contigo!
Tener un xolo es un tesoro.

¡Xolo pa' ti!

No es moda, el xolo es cultura.

Xolito puedo.

¡Xolo por hoy!

Xolito y mi alma.

Yo soy xolero.

Xolo nosotros.

Xolo yo.

Xolito en casa.

El xolo es cultura.

Xolo tu puedes.

Xolo tu, xolo yo, xolitos los dos.

Xolo tengo amor.

Xolo es amor.

Un xolo, dos xolos, tres xolos... Ser xolero es una adicción.

Nunca estamos xolos con un xolo.

Xolo... Un amigo fiel.

Con X de xolo.

Xolo tu sabes muy bien quien soy.

Xolo quiero verte contento.

Después de tener un xolo, uno no vuelve a ser el mismo.

Xolo él y yo

Ando xoleando.

Los xolos: Aquellos perros que van desnudos por la vida.

Xoloitzcuintle: Patrimonio cultural de todos los mexicanos.

E incluso se hizo un pequeña adivinanza:

De Tijuana no es,
del Balsas quizá...
Con y si peló es.
Encarna la dualidad.

Saludos xoleros, como dijera, nuestra amiga, Rosario Cabrera Vera.

1/3/2014

EL PINTOR DIEGO RIVERA Y LOS XOLOITZCUINTLES.



Por: Raymundo Flores Melo.

Fotografías, murales, acuarelas, obras de caballete y litografías constatan la inclinación que Diego Rivera tenía por el xoloitzcuintle. En varias imágenes lo podemos ver posando orgulloso con uno o dos ejemplares de estos perros mexicanos.

Entre las fotos destaca la que sirvió como portada de uno de los primeros libros sobre xoloitzcuintles: El xoloitzcuintle en la historia de México, editado por el Museo Dolores Olmedo Patiño en el año de 1997, salida de la lente de Guillermo Zamora. En ella se aprecia al muralista con dos xolos, uno en cada brazo. La particularidad de la imagen está en los collares de los perros, realizados con cuentas de piedra verde, posiblemente jade, que le dan un toque distintivo. O bien aquella, tomada de los archivos del Museo Frida Kahlo[1], donde el maestro Rivera, sentado en los escalones de la pirámide de la Casa Azul, ve apacible a la cámara, teniendo al lado a un joven xoloitzcuintle.

Sin embargo, la que llama la atención es una, también de Guillermo Zamora, donde el pintor esta ataviado a la manera andina con gorro y poncho, portando en sus brazos a un xoloitzcuintle.

Existen otras imágenes del muralista con xoloitzcuintles, como las tomadas en la Casa Azul. En una lo vemos tendido en una banca del jardín, posando para la foto con dos perros a sus pies, de los cuales, uno es xoloitzcuintle. En otra está parado frente a una de las paredes de la casa de Coyoacán, entre dos piezas de origen prehispánico, mientras le regala una dulce mirada al xolo que tiene en brazos. Por último la foto donde, ya con más edad y sentado en una silla, sobre una de sus piernas mantiene un perro xoloitzcuintle sedente.

También están aquellas, que con cara sonriente, lentes y sombrero, teniendo como fondo el Anahuacalli, sostiene un xolo con copete blanco. De este último lugar es una fotografía – propiedad del artista -  donde dos trabajadores, del ahora museo, sujetan cuatro xoloitzcuintles. De igual manera esta aquella en la tiene sobre su pecho a un xoloitzcuintle macho con patas manchadas. 

Al xoloitzcuintle, dentro de la obra de Rivera, lo encontramos en algunos murales de la Secretaría de Educación Pública,  cuyas paredes fueron abiertas a varios artistas plásticos por mediación de José Vasconcelos, bajo el gobierno del general Álvaro Obregón. De esta manera encontramos en el llamado Patio de Fiestas: La Lluvia y La Noche de los pobres, ambos fechados en 1926. En el primero de ellos está un niño hincado, con camisa blanca y overol azul, comiendo un taco, mirado atentamente por un pequeño xoloitzcuintle. En el segundo mural, tenemos al xolo enroscado en el suelo junto a tres miembros  de una familia dormida.

De ese mismo año es El Agitador, pintado en la Universidad Autónoma de Chapingo. Aquí tenemos un perro con rala pilosidad y cola peluda, en estado de alerta, ante la asamblea de campesinos y obreros.

De 1932 es la litografía El niño del taco, donde se recrea un fragmento del mural La Lluvia, observándose al niño y al xoloitzcuintle, ahora como personajes principales de la obra. La litografía pertenece a la Colección del Museo Dolores Olmedo Patiño.

Ya en los años cuarenta empieza a trabajar, en Palacio Nacional, los murales dedicados a las culturas prehispánicas. De este periodo son El Mercado de Tlatelolco (1944-1945) y La cultura purépecha o tarasca de Michoacán (1945).  En el primer mural se recrean la organización y variedad de productos que se podían encontrar en Tlatelolco – entre ellos los perros xoloitzcuintles –, así tenemos a un xoloitzcuintle que es ofrecido como mercancía. En el segundo mural, al fondo sobre unas escaleras, están tres xolos en distintas posiciones: sentado, echado y enroscado.  

Después encontramos el mural titulado Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947-1948), donde se observa a un xoloitzcuintle que se enfrenta a un policía que impide que una familia de campesinos indígenas se mezcle con los ciudadanos ricos del país.

Es posible que de una visita a uno de los mercados del México rural haya salido la acuarela llamada Mercado de Petates (1950), en la que se aprecian a los compradores y vendedoras de esteras siendo observados desde el ángulo inferior derecho por un pequeño xolo.

Ya en un 1950, Diego Rivera vuelve Palacio Nacional para terminar su trabajo dedicada a las culturas del México prehispánico. De este periodo son: La civilización Totonaca (1950), Las industrias del maguey y del amate (1951) y El desembarco de los españoles en Veracruz (1951). En el primero de los tres murales arriba mencionados, vemos a un xoloitzcuintle en primer plano, acompañando a un personaje ataviado a la manera teotihuacana que parece encabezar o dirigir un contingente. En el segundo se hacen presentes un par de xolos que beben agua de manera apacible en un arroyo donde son lavados los textiles. En el tercero está representado un fiero y pequeño xoloitzcuintle que hace frente a un perro llegado con los conquistadores españoles.

De 1955 es un pequeño oleo titulado Niño con rehilete donde, frente al infante que hace girar el juguete, se representa un regordete xolo que parece mirarle.

Las dos últimas obras de Rivera dedicadas al xoloitzcuintle están relacionas con la señora Dolores Olmedo, ya que fueron realizadas en dos de sus propiedades. La primera es el mural llamado La casa del viento (1956) en Acapulco, Guerrero. En él se puede apreciar a la dualidad Quetzalcóatl – Xólotl en una composición multicolor de azulejos, conchas y piedras. Quetzalcóatl es representado como una serpiente emplumada y Xólotl como un perro de color oscuro.

La segunda obra, realizada para un espejo de agua, recibe el nombre de El espejo de la Estrella (1957), en ella se utilizó mosaico vítreo, mármoles y ónix. Se encuentra en lo que fue Quinta Ofelia, propiedad de Maximino Ávila Camacho, misma que después es vendida  a Dolores Olmedo. En la actualidad es el parque El Batán, en la Ciudad de México. Es la última obra del artista donde se observa a un probable perro xoloitzcuintle portando un collar.

Variada es la obra de Diego Rivera donde representa al xoloitzcuintle y lo vuelve, con el paso del tiempo, un símbolo de la cultura nacional.

Marzo de 2014.
itzcuintli.blogspot.com


[1] Mejor conocido como la Casa Azul de Coyoacán.

Para ver las fotos las obras de Diego Rivera con xoloitzcuintles: Pulse aquí.

Para ver las fotos de Diego Rivera con xoloitzcuintles: Pulse aquí.

16/2/2014

EL COLOR DE LOS PERROS MESOAMERICANOS.

FUENTES HISTÓRICAS.

Por: Marco Antonio Hernández Escampa-Abarca

          Las fuentes históricas brindan información para aproximarse al color de los perros mesoamericanos. Resulta razonable proponer que el xoloitzcuintle (con pelo y sin pelo) como subconjunto poblacional pudo compartir, en gran parte o en su totalidad, la paleta cromática del resto de los perros de la región. La iconografía prehispánica muestra que los perros fueron representados en los códices mostrando una gama de colores que incluye el blanco, el rojo, el amarillo, el negro y sobre todo el perro blanco con manchas negras.  De hecho, se ha llegado a afirmar que para efectos simbólicos, el perro era el animal manchado por excelencia, tanto en el Altiplano como en el área Maya. Entre los mayas, el signo “Oc” (perro) simplemente consiste en un esbozo de orejas y una mancha. Tales manchas en algunos casos poseen significados celestes (Seler, 2008: 40-63):


“Debido a su importancia práctica, ritual y mitológica, en los manuscritos con frecuencia encontramos representado al perro. En los códices mexicanos el perro generalmente está pintado de blanco con grandes manchas negras. También aparece solamente de blanco…asimismo solo de negro. En la mayoría de los casos está presente una gran mancha negra en la zona alrededor del ojo. [Otras veces las figuras] están en amarillo o bermellón [o] completamente en rojo….En el códice Nutall la mancha negra sobre el ojo a veces lleva manchas blancas circulares sobre el fondo negro. En este caso se trata del cicitlallo, o pintura del cielo estrellado, el símbolo del cielo estrellado o de la noche.” (Seler, 2008: 42)


     Las primeras referencias europeas sobre los perros americanos son simples menciones acerca de los perros caribeños. Estos perros fueron trasladados a las islas provenientes del continente y de ahí su representatividad.


      En el segundo viaje de Colón se embarcó el Doctor Diego Álvarez Chanca, sevillano, quien  a finales de 1493 o inicios de 1494 escribió desde La Española  una carta-relación dirigida al Cabildo de Sevilla. De este autor se conoce el siguiente pasaje referente a la llegada a Haití tras haber explorado otras islas incluyendo Puerto Rico:


     “Es tierra muy singular, donde hay infinitos ríos grandes e sierras grandes e grandes valles rasos, grandes montañas; sospecho que nunca se secan las yerbas en todo el año. Non creo que hay invierno ninguno en esta nin en las otras porque por Navidad se fallan muchos nidos de aves, dellas con pájaros e dellas con huevos. En ella ni en las otras nunca se ha visto animal de cuatro pies, salvo algunos perros de todos colores, como en nuestra patria, la hechura como unos gosques grandes; de animales salvajes, no hay…”  (Álvarez Chanca, 1973:51)


     Este testimonio posee gran relevancia porque posiblemente se trate de la primera nota sobre el color de los perros americanos, en un momento en el que cualquier influencia de perros introducidos desde Europa aún resulta despreciable. Si bien no contiene un listado explícito, queda patente una diversidad cromática comparable a la del Viejo Mundo. Lo dicho sustenta la premisa de que varios, sino es que todos, los colores del manto canino estaban presentes en América desde tiempos muy remotos. 


    Posteriormente, en el libro titulado “Primer Viaje de Felipe el Hermoso a España en 1501”, publicado por primera vez en 1876 (Zalama, 2006),  Antonio de Lalaing, relata  que le enseñaron como curiosidades de las Indias Occidentales, a Juana de Castilla y Felipe I, el Hermoso:


“… dos cosas muy nuevas, la una fue un perro completamente negro que no tenía ningún pelo y alargaba su hocico según la forma de una negra; la otra un papagayo verde…” (Lalaing, 1952, en Weiss, 1970).


     Como es ampliamente conocido, el tercer viaje de Colón (1498-1500) también incluyó contacto con las costas del norte de América del Sur (Venezuela). No sería sino hasta el cuarto viaje (1502-1503) que se tocaría la costa caribeña de Centroamérica, pero nunca las costas de México De acuerdo a las fechas consideradas, este primer perro negro y pelón en Europa debió arribar  a España procedente sea de las Antillas o bien de América del Sur.


     Años después, Fray Bernardino de Sahagún en su obra titulada Historia General de las Cosas de la Nueva España (1547-1577), en el Libro Undécimo titulado “De las propiedades de los animales, aves, peces, árboles, hierbas, flores, metales y piedras, y de los colores” relata:


     “50.- Los perros de esta tierra tienen cuatro nombres: llámanse chichi, itzcuintli, xochiocóyotl y tetlamin y también teúitzotl. Son de diversos colores, hay unos negros, otros blancos, otros cenicientos, otros buros, otros castaños oscuros, otros morenos, otros pardos y otros manchados. (Sahagún, 1992:628 )


Nuevamente se insiste en pelajes de diversos colores en toda la gama posible desde el negro hasta el blanco, incluidos los perros manchados. Además las ilustraciones muestran perros diversos incluido uno interpretado como “golondrino  (Blank, 2006)

 A continuación, en el Apéndice del Tercer Libro, Sahagún relata el mito del cruce del río en el Inframundo y de nuevo se mencionan algunos colores de pelaje, ya que contrariamente a la versión popular, son perros con pelo los implicados en este pasaje: 


23.- Por esta causa los naturales solían tener y criar los perritos, para este efecto; y más decían, que los perros de pelo blanco y negro no podían nadar y pasar el río, porque dizque decía el perro de pelo blanco: yo me lavé; y el perro de pelo negro decía: yo me he manchado de color prieto, y por eso no puedo pasaros. Solamente el perro de pelo bermejo podía bien pasar a cuestas a los difuntos, y así en este lugar del infierno que se llama Chiconaumictlan, se acababan y fenecían los difuntos. (Sahagún, 1992: 206-207)

    
     Por su parte, Francisco Hernández de Toledo en su calidad de “protomédico  general de nuestras Indias, islas y tierra firme del mar Océano”  desembarcó en Veracruz en 1571 y realizó trabajo de campo hasta 1574, con la finalidad de estudiar la flora nativa y sus usos medicinales, así como la fauna. En su Historia natural de Nueva España se toca el tema de los perros y menciona el color para formas caninas:


     “…El primero, llamado Xoloitzcuintli, supera a los otros en tamaño, que es por lo general de más de tres codos, y tiene la peculiaridad de no estar cubierto de pelo, sino de una piel suave y lisa  manchada de leonado y azul. El segundo es parecido a los perros malteses, manchado de blanco, negro y leonado, pero giboso, con cierta curiosa y graciosa deformidad, y con la cabeza como saliéndole de los hombros mismos; suelen llamarle mechoacanense por la región donde nace.(Hernández,1999: 152-153)


     Por lo tanto, el texto hace referencia a los perros desnudos manchados en dos colores y se describe claramente un perro con tres colores en su pelaje. Ya en el siglo XVIII y basándose en Hernández, el jesuita Francisco Saverio Clavigero (Clavigero, 1826:33-43) expone una serie de cuadrúpedos varios entre los que se menciona al Joloitzcuintli y otros “perros”, nuevamente tricolores:


“…El primero [itzcuintepotzotli], cuyo nombre significa, perro jorobado, era del tamaño de un perro maltés, y tenía la piel manchada de blanco, leonado y negro. La cabeza era pequeña, con respecto al cuerpo, y parecía unida íntimamente a este, por ser el pescuezo grueso, y corto. Tenia la mirada suave, las orejas bajas, la nariz con una prominencia considerable enmedio, y la cola tan pequeña que apenas le llegaba a media pierna : pero lo mas singular en él, era una joroba que le cogía desde el cuello hasta el cuarto trasero. El pais en que mas abundaba este cuadrúpedo era el reino de Michuacan, donde se llamaba ahora…El Joloitzcuintli, es mayor que los dos precedentes, pues en algunos individuos el cuerpo tiene mas de cuatro pies de largo. Tiene las orejas derechas, el cuello grueso, y la cola larga. Lo mas singular de este animal es estar enteramente privado de pelo ; pues solo tiene sobre el hocico algunas cerdas largas, y retorcidas. Todo su cuerpo está cubierto de una piel lisa, blanda, de color de ceniza, pero manchada en parte de negro y leonado…” (Clavigero, 1826: 40-41)


     También durante el siglo XVIII, en su famosa obra Systema Naturae Carlos Linneo sentó las bases para una taxonomía científica moderna utilizando el sistema binomial. En la duodécima edición de esta obra, se incluye la descripción del Canis mexicanus que abarca el término Xoloitzcuintli y se describe en latín a esta “especie”  como: “Corpus cinereum fascis fuscis. Maculae fulvae in fronte collo, pectore, ventre, cauda”, es decir con: Cuerpo gris marrón, compacto. Manchas de color amarillo en la frente, el cuello pecho, vientre y cola. (Linné, 1776:56-60). Cabe mencionar que esta denominación ahora resulta obsoleta y el xoloitzcuintle actualmente se clasifica como una raza más dentro de la especie Canis lupus familiaris, es decir, el perro doméstico.


     Como conclusión es posible afirmar que los perros mesoamericanos históricamente han presentado una gama muy amplia de colores que incluye colores sólidos así como manchados en dos y hasta tres colores, tanto en pelaje como en piel. Los perros manchados además de haber sido representados y mencionados en diversas épocas tienen significado cultural, en especial por el énfasis registrado en los códices. Lo mismo puede decirse de los perros negros, rojos y blancos mencionados en los mitos, ya que estos colores se relacionan con los rumbos en la cosmovisión antigua. Si bien a partir del siglo XVI las poblaciones caninas mesoamericanas se han enriquecido genéticamente con aportaciones de otros continentes, la diversidad cromática les es inherente y no es necesario recurrir a dichas fuentes externas para explicar su variabilidad genética.