2 de feb. de 2015

LOS PERROS AZTECAS DEL MATRIMONIO RIVERA-KAHLO.

Por: Raymundo Flores Melo.

Fotografías personales y pinturas subrayan el valor que los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo dieron a los perros mexicanos llamados xoloitzcuintles. A lo largo de su vida poseyeron varios ejemplares, hecho que sirvió para que este perro tuviera realce en el ámbito cultural mexicano, para después trascender y volverse un icono de lo nacional.

Buscando información que tratara del xolo en este periodo, encontramos un libro, escrito por la sobrina de la pareja, que aporta algunos datos sobre el tema.

Isolda Pinedo Kahlo en su libro Frida Íntima[1] proporciona una mirada diferente sobre la pintora. En él, deja ver a una mujer tierna, cariñosa, a la que le gustaba ayudar a los demás; a una buena mujer en el trato con la gente de su entorno pero, sobre todo, un ser sincero gozando de la vida.

Gracias al texto conocemos algunos detalles de la identidad y vida cotidiana de las personas que flanquean a la pintora en una de sus tantas fotografías. Imagen que llama la atención pues posa junto a gente con rasgos indígenas y mestizos. En dicha foto ella está sentada al centro con un xolo sobre sus piernas, a la derecha dos hombres, Chucho y Sixto, uno sentado y otro de pie; a la izquierda dos mujeres, Cruz y Georgina[2], en posición similar a los anteriores; todos ellos trabajadores de la Casa Azul.

Chucho fue un mozo que llegó cuando las hermanas Kahlo-Calderón eran jóvenes quedándose a su servicio hasta la muerte de Frida[3], en tanto que Cruz era la cocinera de la casa[4].

Para resaltar la calidez de la artista, la autora nos habla de los animales y su relación con Frida Kahlo:

"Otro detalle que... habla de su bondad y amor a la vida, son los animales que mantuvo en sus casas de Coyoacán y San Ángel. Por ahí pasó de todo: monos araña, un cervatillo, un águila, un mapache, dos loros y hasta perros aztecas". Preguntándose más adelante "si no serían esos animalitos, tan compañeros en sus cuadros, los que le ayudaron a mantener la suavidad en sus brazos de madre, tantas veces malograda"[5].

Entre los animales “tan compañeros en sus cuadros” menciona a dos de los perros "aztecas", a los xoloitzcuintles consentidos de Diego: el Señor Xólotl y la señora Xolotzin.[6] Precisamente de esta última es una de las fotografías que se muestran en dicho libro. En ella  aparecen los dos sobrinos de Frida Kahlo: Antonio e Isolda (hijos de Cristina) acompañados por la perra antes mencionada en uno de los corredores de la casa de Coyoacán.

En tanto, al Señor Xólotl se le puede observar, desde cachorro hasta adulto, en varias imágenes  acompañado por Frida Kahlo como por Diego Rivera, así como en una pintura y un dibujo de su diario. Existe también, en este último documento, varios bocetos dedicados a la “Señorita Capulina”.

Fauna con la que, al enfermar la artista y no pudiendo asistir a dar clases a la Esmeralda, convivieron sus alumnos[7] en los jardines de la Casa Azul, lugar donde se respiraba un agradable ambiente: "Todos los habitantes de aquella casa vivían inmersos en sincera cordialidad. Convivían en perfecta armonía los hijos de los sirvientes, pintores, un carpintero, químicos, artistas y hasta los miembros del Partido Comunista"[8]. Sin embargo, el desenlace estaba cerca.

Ya en 1954, su último año de vida, dice una nota del diario de la pintora, que había pasado "una tarde maravillosa" en compañía de Diego Rivera, Teresa Proenza[9], "La señorita Capulina, el señor Xólotl, la señora Kosti"[10] que eran sus perros. Comentario que trae a la memoria la proximidad de Frida Kahlo con los xolos y aquella foto, obra de Werner Bischof, en la que ella esta acostada en una cama, acompañada por un xoloitzcuintle que ocupa el espacio de la pierna amputada.

Los animales, en especial los canes por su cercanía con el ser humano,  tuvieron un lugar importante en la vida y obra de Frida Kahlo; fueron compañía en el acontecer de su existencia.

Febrero 2015


[1] PINEDO KAHLO, Isolda. Frida Íntima. Colombia, 2004, Dipon/ Gato Azul, 256 p.
[2] Ibíd., p. 33, en el pie de la foto de dicha página.
[3] Ibíd., p. 106 y 167
[4] Ibíd., p. 33
[5] Ibíd., p.39
[6] Ibíd., p. 117
[7] Eran llamados “Los fridos”.
[8] Ibíd. p. 156
[9] Teresa Proenza cuido a Frida Kahlo cuando ya estaba muy mal. Ibíd. p. 170
[10] Ibíd. p. 252, nota tomada del diario de la pintora.

25 de dic. de 2014

XOLOITZCUINTLE. EL PERRO PELÓN MEXICANO.

Material audio-visual preparado por TV-UNAM y el Instituto de Investigaciones Antropológicas en el año de 1998. En él participan el Dr. Raúl Valadez Azúa y el MVZ. Hugo Paul Hernández.



PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE

















29 de oct. de 2014

UN EJÉRCITO DE XOLOS.

Por: Raymundo Flores Melo


Creatividad, papel, cartoncillo, pegamento, un poco de pintura y convivencia con xoloitzcuintles, es lo que marca el trabajo realizado por Felipe Nava para crear un particular ejército canino que, de repente, nos hace creer que estamos en las riberas del Chiconahuapan listos para atravesarlo.

A los miembros del contingente los encontramos en varias posturas y tamaños, eso sí, sin dejar de lado el porte elegante que caracteriza a este perro mexicano.

Doblez tras doblez, el cuerpo toma forma. Puede estar parado, sentado, en posición de juego o echado, lamiéndose, ser cachorro o adulto, tener copete o no pero, sin duda, son una representación más del xoloitzcuintle.

Los motivos prehispánicos que los adornan realzan el lugar que tienen dentro de la cultura mexicana, otro tanto cuando una de las mitades de su cuerpo toma forma de esqueleto,  representando la dualidad vida-muerte, misma que nos recuerda el viaje de Quetzalcóatl al Mictlán y la manera como el perro se convierte es una especie de psicopompo o guía de almas, motivo por el cual ha sido reincorporado a las ofrendas de Día de Muertos.

Pero si de símbolos se trata, algunos tienen ilustrados  los días del calendario mexica, así como un juego de pelota que nos habla de otro viaje al mundo de los muertos, el realizado por los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, en la zona maya, quienes enfrentan a los señores del Xibalbá y salen victoriosos.

También los hay decorados con motivos florales y con caracoles marinos que evocan al dios gemelo de Quetzalcóatl - a Xólotl -, aquella deidad que huyó para no ser sacrificado escondiéndose en el agua, en el corral y en la cocina, originando al ajolote, al guajolote y al tejolote.

Es sorprendente como utilizando materiales sencillos y al alcance de la mano, se pueda crear un mundo de xolos y que estas pequeñas obras puedan evocar tantas concepciones y creencias de los antiguos mexicanos. En hora buena por esta iniciativa.

Octubre de 2014.