28 dic. 2012

DÉCALOGO DEL BUEN XOLERO.


  1. APRECIARAS Y PRESERVARAS AL XOLOITZCUINTLE COMO RAZA NACIONAL.
  2. NO MENOSPRECIARÁS AL XOLOITZCUINTLE CON PELO. HACERLO ES ABERRACIÓN.
  3. LOS XOLOITZCUINTLES SE ORIGINARON EN LA CUENCA DEL BALSAS, NO EN TIJUANA.
  4. LOS PERROS MESOAMERICANO ERAN LOS QUE AYUDABAN A PASAR EL RÍO A LOS MUERTOS, EL XOLO SÓLO ERA UNO MÁS DE ESTOS CÁNIDOS. DECIR LO CONTRARIO ES IGNORANCIA O SOBERBIA.
  5. EL TAMAÑO DE LOS XOLOITZCUINTLES PREHISPÁNICOS VARIABA ENTRE SER UN POCO MÁS PEQUEÑO Y UN POCO MÁS GRANDE QUE UN XOLO INTERMEDIO ACTUAL.
  6. LAS CAMADAS DE LOS XOLOITZCUINTLES SON MIXTAS, ES DECIR, NACEN INDIVIDUOS CON PELO Y SIN PELO EN CADA UNA DE ELLAS.
  7. LA RAZA XOLOITZCUINTLE ES UNA RAZA DUAL POR ESO SU IMPORTANCIA SIMBÓLICA PARA LAS CULTURAS MESOAMERICANAS.
  8. LOS PERROS XOLOITZCUINTLES SON MÁS IMPORTANTES QUE UN EQUIPO DE FÚTBOL.
  9. LOS XOLOITZCUINTLES NO SON UNA MARCA COMERCIAL NI DEBEN DE SERLO.
  10. LOS XOLOITZCUINTLES SON DE TODOS LOS MEXICANOS, NO SOLO DE UNA PERSONA O  GRUPO.

Raymundo Flores Melo.

30 nov. 2012

XOLOITZCUINTLE: LA CUESTIÓN DEL NOMBRE.

Por: Marco Antonio Hernández Escampa Abarca.

La mayoría de las descripciones coloniales proporcionan datos en náhuatl. En total se conocen trece nombres para “perro” en dicha lengua: itzcuintli, chichi, xochiocoiotl, xochcóyotl, tetlamin, tetlami, tehui, tehuízotl, tlalchichi, techichi, xoloitzcuintli, tepeitzcuintli e itzcuintepozotli (Valadez, 1994:3). Desde luego, también se conocen los términos genéricos para “perro” en distintas lenguas. Cabe mencionar que el término tepeitzcuintle “perro de cerro” se refiere a un roedor (Cuniculus paca) y que también las nutrias en ocasiones se conciben como perros acuáticos. Al parecer, itzcuintli se asocia con el significado “filoso”  (Seler, 2008) y agrupa a animales de mordida cortante. Por lo tanto, itzcuintli no significa “perro” de manera directa o literal, sino que sucede que el perro es el animal con mordida filosa más conocido.

Así se conoce la denominación  itzcuintli para el perro común y xoloitzcuintli para los perros sin pelo. No obstante, también se sabe de otros nombres, por ejemplo pèco-xolo, usado entre los zapotecas (Beyer, 1908). Este nombre zapoteco se crea añadiendo la partícula xolo de origen náhuatl al término general pèco “perro”. Tanto xoloitzcuintli como pèco-xolo significan “perro monstruoso”. También se conocen los nombres mayas bil, ah-bil  para los perros pelones e ix-bil, específicamente para las hembras (Valadez y Mestre, 1999: 77). 

Otros significados de  la partícula xolo son “arruga”, “siervo”, “raro”  y se ha propuesto la traducción como “perro raro” asumiendo que la desnudez implicaría el concepto de rareza para los pueblos mesoamericanos (Valadez y Mestre 1999: 77). Xólotl es también el nombre de un dios. Hablantes nahuatlatos del sur de Veracruz entienden la partícula “xolo” como algo “larvario” o “incompleto” (García de León, comunicación personal). Mientras que xoloitzcuintle es entendido como un “perro que corre” por los habitantes nahuatlatos de Chilpancingo, Guerrero. Un informante que proporcionó esta acepción en 2011 mencionó:

“Cuando yo era niño e iba al zoológico de Chilpancingo, veía a los xoloitzcuintles y me los imaginaba corriendo en un llano, y es que para nosotros eso significa xoloitzcuintli, el perro que corre. Cuando alguien te manda por algo y quiere que te apures te dice:  ¡Xi xolo!...el perro que corre, no es que corre porque es miedoso, es por su gran condicion fisica para andar en el campo; asi lo considero yo”

De acuerdo al mismo informante la partícula xolo equivale a correr, ni xolo (yo corro), ti xolo (corres) y la partícula xi corresponde al imperativo. También se mencionó el nombre de Xólotl enfatizando sus correrías al realizar sus transformaciones en los mitos.

La aceptación del nombre moderno de la raza como “XOLOITZCUINTLE” se explica de dos formas. En primer lugar,  el término “xoloitzcuintli” fue el nombre que conocieron los pioneros de la raza y los primeros criadores, pero también su prevalencia implica un deseo por relacionar a la raza tanto con el dios Xólotl como con los Mexicas mismos, entendidos como el poder central del pasado. De todos los posibles nombres antiguos para escoger se eligió aquel que satisfacía mejor los ideales exotistas y nacionalistas del momento.

Desde una perspectiva lingüística literal, en el náhuatl coloquial, el  término xoloitzcuintli engloba únicamente a la forma desnuda y el término itzcuintli se referiría a una forma canina  con pelaje. Sin embargo, esta clasificación  por aspecto externo no implica la separación de los individuos en dos razas. Además, emplear tal terminología a lo único que conduce es a la discriminación  de la forma con pelo al ser concebida como una entidad separada. En vez de ello, se sabe que  biológicamente, ambas formas están íntimamente relacionadas y son indisolubles. En este sentido, resulta aceptable seguir denominando a la raza moderna como XOLOITZCUINTLE, entendido como un NEOLOGISMO castellanizado que designa a una raza canina actual, que agrupa dos formas y por ende, existen xoloitzcuintles con pelo y sin pelo, por más que el xoloitzcuintli como categoría nativa sólo sea pelón.

En el presente, la lengua náhuatl se habla en una vasta región que comprende localidades ubicadas desde Durango hasta El Salvador. El concepto de cultura nahua se fundamenta en este patrimonio lingüístico común y cristalizado a partir de la fundación de instituciones sociales, religiosas políticas y económicas (León-Portilla, 2011).  La aparición original de los perros pelones no necesariamente se ligó a un pueblo nahua. Diversos grupos se apropiaron de este animal y lo incorporaron a su cultura. Sin embargo, hacia el siglo XVI queda claro que este animal se había insertado principalmente a la cosmovisión, no solo mexica, sino nahua en general.  

En este sentido, resulta importante resaltar que diversas cuestiones en torno al xoloitzcuintle probablemente hallen mejor respuesta entre los pueblos nahuas no centrales, por ejemplo los nahuas de Guerrero, que comparten la Cuenca del Balsas con este animal desde tiempos remotos o los pueblos nahuas de El Salvador quienes en la sierra de Apaneca también lo  han conservado hasta recientemente (Villacorta: 2008).

El xoloitzcuintle recibe diversos nombres en los contextos contemporáneos. En primer lugar, es frecuente utilizar únicamente la partícula “xolo”. En otras lenguas se utilizan comúnmente  términos equivalentes a “perro sin pelo mexicano”: “mexican hairless (dog)”, inglés; “mexikansk nakenhund”, sueco; Мексиканская голая собака (meksikanskaya galaia sabaka), ruso; meksikonkarvatonkoira, finlandés. Resalta tanto el énfasis en la desnudez como la resistencia a utilizar un término en náhuatl, posiblemente por dificultades en su pronunciación, lo cual es comprensible a nivel coloquial pero no a nivel de las entidades canófilas, que deberían respetar el nombre original de la raza. Al interior de las entidades canófilas ha aparecido una variante con “Q”: “Xoloitzquintle”, lo cual representa un error.

Referencias:
Beyer, Herman. 
1908. “The Symbolic Meaning of the Dog in Ancient Mexico”, American Anthropologist, Volume 10, Issue 3, 419 – 422. 

León Portilla, Miguel. 
2011. “Náhuatl: lengua y cultura con raíces milenarias”, Arqueología Mexicana, Vol XIX, Num 109,  22 – 31.

Seler, Edward. 
2008. Las imágenes de animales en los manuscritos mexicanos y mayas. Casa Juan Pablos. México, D.F.

Valadez, R. 
1994. “¿Cuántas razas de perros existieron en el México prehispánico?”, Vet. Mex., 25, 1, 1 – 11.

Valadez, Raúl y Mestre, Gabriel. 
1999. Historia del Xoloitzcuintle en México. Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Museo Dolores Olmedo Patiño y Cámara de Diputados. México, D.F.

Villacorta, Orus. 
2008. “Xoloitzcuintle, el mejor amigo de los aztecas”, Revista dominical, 16 de mayo, laprensagráfica.com, versión  electrónica:
http://archive.laprensa.com.sv/20080518/dominical/1059230.asp

14 oct. 2012

EL PERRO Y EL MAÍZ.



Por: Raymundo Flores Melo.

El perro, eterno acompañante del hombre, en este y en el otro mundo, ha seguido por decenios al campesino mexicano a las tierras de labor para ayudarle como guardián de sus cultivos y ganados. Su relación con el maíz va mucho más allá del solo hecho de cuidarlo ante hurtos y evitar el posible perjuicio causado por otros animales.

Después de la creación del hombre, en la era del Quinto Sol, Quetzalcóatl, uno de sus dioses creadores y protector, estaba preocupado, junto con otras deidades, del mantenimiento del nuevo ser. Buscando con que proveerlos encontró en su caminar a una hormiga roja cargada de un grano de maíz, le preguntó de donde lo había sacado. La hormiga, al principio, no quiso decirle el lugar pero después, ante la insistencia divina, al fin se lo dice. Entonces Quetzalcóatl se transforma en una hormiga negra para ir con la otra al lugar de los mantenimientos y sacar el maíz.

Logra hacerse del preciado grano y llevarlo a Tamoanchan, entonces el maíz es masticado por los dioses y puesto en la boca del hombre.[1] El dios encargado de darle de comer al género humano es  Xólotl, según lo menciona la Histoire de Mechique, crónica cuya autoría - de la versión original en español - es atribuida a Fray Andrés de Olmos, quien probablemente la compuso en año de 1546:

Luego que fueron hechos (el hombre y la mujer), los alimentó un dios llamado Xólotl, que quiere decir ‘Gallos de Indias’, el cuál los alimentó con tortilla mojada y no con leche”.[2]

Importante es mencionar que fray Gerónimo de Mendieta – religioso franciscano igual que el anterior - también arroga a Xólotl la alimentación del nuevo ser pero dice que lo sustenta con leche de cardo.[3]

Es posible que el perro de barro, encontrado en Colima, en el área cultural que se ha denominado Occidente de México, que tiene una mazorca en el hocico, de forma alegórica, haga referencia a este suceso mítico: Xólotl, el dios perro, gemelo de Quetzalcóatl, le da de comer y/o proporciona maíz al hombre.

Pero la relación maíz-perro se vuelve más compleja. El perro también es un animal sacrificial para pedimento de lluvias como lo deja ver, para el centro de México, la crónica escrita por Diego Muñoz Camargo, llamada Historia de Tlaxcala[4]. Así mismo, el cánido es usado en diversas fiestas prehispánicas como las que marcan el inicio del año maya que fray Diego de Landa menciona en su relación.[5] Con estos ejemplos, su vinculación con la agricultura y la lluvia queda manifiesta.

Investigaciones actuales  han buscado relacionar el ciclo reproductivo del perro y el ciclo agrícola del maíz con los siguientes resultados para el centro y parte del sureste de México: la existencia de camadas en dos diferentes periodos anuales bien definidos, esto es, la presencia de “Camadas de perros, cuando la siembra concluye, camadas de perros, cuando la cosecha termina[6]. Coincidencia que, a decir de los autores, permitía la posesión del bien, en este caso los cachorros, para usarlos en las diferentes celebraciones como comida o como parte del ritual, ya fuera este de inicio de año o como pedimento de lluvia ante sequías.

Al maíz lo encontramos íntimamente ligado a la cotidianidad del hombre mesoamericano, pues, además de ser su base alimentaria, en el terreno simbólico esta relacionado con la muerte y el renacimiento. Era un elemento que, al igual que el perro, representaba fertilidad y prosperidad. 

El historiador Enrique Florescano ha identificado al dios del maíz como una de las representaciones más antiguas de lo que sería Quetzalcóatl[7], héroe cultural y benefactor del hombre en Mesoamérica, si a eso conjuntamos que Xólotl, el dios perro era una advocación de la Serpiente emplumada en su paso al inframundo y que al perro mesoamericano se le daba un papel relevante en el tránsito del muerto rumbo al Mictlán, nos encontramos con que el maíz, el perro-Xólotl y Quetzalcóatl parecen tener una asociación importante en el terreno simbólico del pensamiento de los antiguos mexicanos.

Octubre de 2012.


[1] TENA MARTÍNEZ, Rafael (edit.) Mitos es historias de los antiguos nahuas. Paleografía y traducciones. México, CONACULTA, 2011, p. 181
[2] Ibíd. p. 149
[3] MENDIETA, Gerónimo de. Historia Eclesiástica Indiana. México, CONACULTA, 1997, p. 182
[6] VALADEZ, Raúl y Alicia Blanco. Perros, maíz, el México prehispánico en AMMVEPE, Vol. 16, No. 2, Marzo-Abril, 2005, p. 67
[7] FLORESCANO, Enrique. Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica. México, Taurus, 2012, p. 23

23 sept. 2012

LA CREACIÓN DEL PERRO EN LA CULTURA NÁHUATL.



Por: Raymundo Flores Melo.


Los restos arqueozoológicos encontrados en diferentes excavaciones, indican que el perro atravesó con el hombre el estrecho de Bering, que lo siguió en su caminar por lo que ahora son Alaska, Canadá, Estados Unidos de Norteamérica, México, centro y Sudamérica, hasta la Patagonia[1]. Durante esta larga travesía y convivencia fue utilizado en rituales, como alimento[2] y en tumbas como acompañante al inframundo. 

Se calcula que hace aproximadamente 7,000 años el perro ya había abarcado el territorio de lo que en la actualidad es México[3]. Esta prolongada asociación inspiró varios relatos que tratan de explicar su presencia las culturas mesoamericanas. Uno de ellos, de origen nahua, es el que habla de como los cánidos fueron hechos por los dioses:

Dice la “Leyenda de los soles”, contenida en el Códice Chimalpopoca[4] - manuscrito realizado entre 1558 y 1561 -   que los perros fueron creados como castigo a una desobediencia a las deidades. Resulta que después de finalizado el sol de agua (Nahui Atl), cuando los hombres se convirtieron en peces, los dioses protegieron a una pareja de humanos, llamados Tata y Nene.

Les habló Titlacahuan a Tata y a su mujer Nene; les dijo: ‘Ya no os preocupéis [de nada]. Ahuecad un ahuehuete grande: allí entraréis cuando en [la veintena de huei]tozoztli se hunda el cielo’. Allá entraron; y al taparlos, les dijo [Titlacahuan]: ‘Una sola mazorca comerás, y una sola [comerá] también tu mujer’. Y cuando se la acabaron encallaron, encallaron en la arena; se sentía que ya estaba seca el agua, [porque] ya no se movía el tronco, y entonces [éste] se abrió. Luego vieron unos peces, y encendieron fuego; [allí] asaron los peces. Vinieron a ver los dioses Citlalinicue y Citlallatónac, y dijeron: ‘Dioses, ¿quién está haciendo fuego?, ¿quién está ahumando el cielo?’.

Después bajó Titlacahuan Tezcatlipoca, y los riñó diciendo: ‘Qué haces Tata?, ¿qué estáis haciendo?’ Luego les cortó el cuello, y les puso las cabezas en las nalgas; así se convirtieron en perros[5].

En la temporada de lluvia – como se los indicaron los dioses - la pareja entró en su embarcación. Navegó en el tronco ahuecado de un ahuehuete, teniendo, cada uno, como único alimento una mazorca de maíz. Al terminar la inundación, cuando su transporte no se movía, decidieron bajar y comer algunos peces asados violando la determinación los dioses.  El humo que manchó al cielo fue el responsable de enterar a las deidades. Entonces Tezcatlipoca, otro de los dioses creadores y contraparte de Quetzalcóatl, los castiga volviéndolos perros. Se dice que debido a esto “a los perros les apesta el hocico, no así el ano”[6].

Después de este episodio mítico vendría la definitiva creación del hombre, cuando Quetzalcóatl baja al inframundo por los huesos de los gigantes que dan lugar a un ser humano nuevo al que habrá que alimentar con maíz. 

Septiembre de 2012.


[1] VALADEZ, Raúl. et al. El perro pelón, su origen, su historia. México, UNAM-IIA/UADY, 2010, pp. 17-20
[2] VALADEZ AZÚA, Raúl. La domesticación animal. México, UNAM-IIA-PyV, 1996, p. 85
[3] VALADEZ, Raúl. et al. El perro pelón… Op cit., p. 20
[4] Primo Feliciano Velázquez - su traductor -  considera como autores a dos discípulos de fray Bernardino de Sahagún. ESTEVE BARBA, Francisco, Historiografía Indiana. España, Gredos, 1992, pp. 267-268
[5] TENA MARTÍNEZ, Rafael (edit.) Mitos es historias de los antiguos nahuas. Paleografía y traducciones. México, CONACULTA, 2011, p. 177
[6] VALADEZ AZÚA, Raúl. La domesticación… Op cit., p. 89